Ana Karenina
Ana Karenina «Cierto que nuestra sociedad, bien al contrario de la inglesa, es aún tan bárbara que muchos –y en el número de estos "muchos" figuraban aquellos cuya opinión Karenin apreciaba más– miran el duelo con buenos ojos. Pero ¿a qué conduciría? Supongamos que le desafío», continuaba pensando. E imaginó la noche quo pasaría después de desafiarle, imaginó la pistola apuntada a su pecho, y se estremeció, y comprendió que aquello nunca sucedería. Pero seguía reflexionando: «Supongamos que me dijeran lo que debo hacer, que me colocaran en mi puesto y que apretara el gatillo», se decía, cerrando los ojos. «Supongamos que lo matara… »
Alexey Alejandrovich sacudió la cabeza para apartar tan necios pensamientos.