Ana Karenina
Ana Karenina «Pero ¿qué tiene que ver que mate a un hombre con lo que he de hacer con mi mujer y mi hijo? ¿No tendré también entonces que pensar en lo que he de decidir referente a ella? En fin: lo más probable, lo que seguramente acontecerá, es que yo resultaré muerto o herido. Es decir, yo, inocente de todo, seré la víctima. Esto es más absurdo. Pero, por otro lado, provocarle a duelo no sería honrado por mi parte. ¿Acaso ignoro que mis amigos me lo impedirían, que no consentirían arriesgar la vida de un estadista necesaria a Rusia? ¿Y qué pasaría entonces? Pues que parecerá que yo, sabiendo bien que el asunto nunca llegará a implicarme riesgos, querré darme un inmerecido lustre con este desafío. Esto no es honrado, es falso, es engañar a los otros y a mí msmo. El duelo es inadmisible y que nadie espere que yo lo provoque. Mi objeto es asegurar mi reputación, y la necesito para continuar sin impedimento mis actividades.»
Su trabajo político, que ya antes le parecía muy importante, ahora se le presentaba como de una gravedad excepcional.
Una vez descartado el duelo, Karenin estudió la cuestión del divorcio, salida elegida por otros maridos que él conocía.