Ana Karenina
Ana Karenina «No puedo hablarle de mi culpa y de mi arrepentimiento, porque… »
Se detuvo otra vez, sin encontrar conexión en sus pensamientos.
«No», se dijo, «no es preciso escribir nada de esto».
Y rompiendo la hoja, la redactó de nuevo, excluyendo la alusión a la generosidad, y cerró la carta.
Tenía que escribir otra a Vronsky.
«Le he dicho a mi marido … », empezó, y permaneció un rato sentada sin hallar fuerzas para continuar. ¡Aquello era tan brusco, tan poco femenino … !
«Además, ¿qué puedo escribirle?», se preguntó. Y otra vez la vergüenza le ruborizó las mejillas. Recordó la tranquilidad de Vronsky y un sentimiento de irritación contra él le hizo trocear la hoja con la frase ya escrita.
«No hay necesidad de escribir nada», se dijo. Y cerrando la carpeta, subió a anunciar a la institutriz y a la servidumbre que salía aquella noche para Moscú. Y comenzó los preparativos del viaje.