Ana Karenina
Ana Karenina –Mi opinión es ésta: la mujer es la piedra de toque esencial en la actividad del hombre. Es difÃcil amar a una mujer y hacer a la vez algo útil. Para ello hay un remedio: desviar el amor por ellas casándose. ¿Cómo te dirÃa … ? –agregó Serpujovskoy, al que le gustaba hacer comparaciones–. Espera, espera… Llevar un paquete en la mano y hacer algo a la vez no es posible, pero sà lo es si te lo echas a la espalda. El matrimonio es asÃ. Lo he visto cuando me he casado. Me sentà de pronto con las manos libres. Pero sin estar casado, y llevando ese fardo contigo, estás con las manos tan ocupadas que no puedes hacer nada de provecho. FÃjate en Masankov y en Krupov, que han estropeado sus carreras por las mujeres…
–¡Vaya unas mujeres! –dijo Vronsky, recordando a la francesa y a la artista con las que tenÃan relaciones los dos mencionados.
–Tanto peor cuanto más alta es la posición de la mujer en la sociedad, porque entonces no se tratará ya de llevar el paquete, sino de quitárselo a otro.
–Tú no has amado jamás –le dijo Vronsky suavemente, mirando ante sà y pensando en Ana.