Ana Karenina
Ana Karenina Por la noche, al tomar el té, en compañÃa de algunos propietarios de tierras que visitaban a Sviajsky por asuntos de tutelaje, se entabló, como Levin esperaba, una interesante conversación.
En la mesa de té Levin se sentaba junto a la dueña y hubo de hablar con ella y con la cuñada, instalada frente a él. La dueña era una mujer de rostro redondo, rubia y bajita, toda radiante de sonrisas y hoyuelos.
Levin trataba de indagar por mediación de ella la solución del problema que constituÃa para él su marido, pero no poseÃa su completa libertad de ideas; no se sentÃa lo suficiente desembarazado porque ante él se sentaba la cuñada. Ésta llevaba un vestido muy especial, que a Levin le pareció que se habÃa puesto por él, y en el cual se abrÃa un escote en forma de trapecio.