Ana Karenina

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–Los jornaleros no quieren trabajar bien ni con buenas máquinas. Nuestro obrero sólo piensa en una cosa: en beber como un cerdo y, en estando borracho, estropear cuanto se le confía. A los caballos les da demasiada agua, rompe las buenas guarniciones, cambia una rueda enllantada por otra y se bebe el dinero, afloja el tomillo principal de la trilladora mecánica para estropearla… Le repugna todo lo que no se hace según sus ideas. Y por ello ha bajado tanto el nivel de la economía rural. Las tierras se abandonan, se deja crecer el ajenjo en ellas o se regalan a los campesinos, y allí donde se producía un millón de cuarteras ahora se producen sólo unos pocos centenares de miles. La riqueza general ha disminuido. Si hubiésemos hecho lo mismo, pero con tino…

Y comenzó a explicar un plan para la manumisión de siervos con el que se habrían remediado tales males.

A Levin esto no le interesaba. Pero cuando el viejo terminó, Levin volvió a sus primeros propósitos y dijo a Sviajsky, para forzarle a dar su opinión en serio:

–Que el nivel de nuestra economía baja y que con nuestras relaciones con los campesinos es imposible dirigir las propiedades es cosa que no está fuera de duda –afirmó.


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