Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo 31

 

En la mitad de las escaleras, Levin oyó en el recibidor una conocida tosecilla, aunque no muy clara, porque la apagaban sus propios pasos. Esperaba haberse equivocado; vio luego una silueta alta y huesuda que le era familiar, y parecíale que no podía engañarse, pero continuaba confiando en que sufría un error y que aquel hombre alto que se quitaba el abrigo tosiendo no era su hermano Nicolás.

Levin quería a su hermano, pero vivir con él siempre le había supuesto un tormento. Ahora, bajo el influjo del pensamiento que de pronto le acudió a la mente y en virtud de la indicación de Agafia Mijailoyna, se encontraba en un estado de ánimo muy confuso, y ver a su hermano le era particularmente penoso.

En vez de un visitante, extraño, sano y alegre, que Levin esperaba que pudiera distraerlo de su preocupación, se veía obligado a tratar a su hermano, que lo comprendía a fondo, y que leería en sus pensamientos más recónditos y lo forzaría a hablar con toda sinceridad. Y eso Levin no lo deseaba.

Irritado consigo mismo por aquel disgusto, bajó al recibidor. Pero apenas vio a su hermano, aquel sentimiento de decepción personal se desvaneció en él sustituido por la compasión.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker