Ana Karenina
Ana Karenina Y Oblonsky, levantándose, se dirigió al cuarto de su nuevo jefe. El instinto no le engañaba. El nuevo y temible jefe resultó ser un hombre muy amable. Esteban Arkadievich almorzó con él y permaneció en su habitación tanto tiempo que sólo después de las tres entró en la de Alexey Alejandrovich.