Ana Karenina
Ana Karenina –De no ofrecer esa ventaja antinihilista las ciencias clásicas, habrÃamos pesado y pensado más –dijo Sergio Ivanovich, siempre con su fina sonrisa– y habrÃamos dejado que una y otra tendencia se desarrollaran libremente. Pero ahora sabemos que las pÃldoras de la educación clásica contienen una fuerza curativa contra el nihilismo y por eso las recetamos con toda seguridad a nuestros pacientes. ¿Y si en realidad no tuvieran tal poder terapéutico? –concluyó, añadiendo de este modo a la charla su acostumbrada dosis de sal ática.
Cuando Kosnichev mencionó las pÃldoras, todos rieron y, más alto y alegremente que todos, Turovzin, que esperaba desde el principio la parte divertida de la conversación.
Esteban Arkadievich habÃa acertado al invitar a Peszov, porque, gracias a él, la conversación sobre temas elevados no cesó un momento. Apenas Sergio Ivanovich hubo cortado con su broma la conversación, ya Peszov abordaba otro tema.
–Ni siquiera podemos estar seguros de que tales sean las opiniones del Gobierno –decÃa ahora–. El Gobierno probablemente se guÃa por la opinión general, siendo indiferente a la eficacia de las medidas que adopta. AsÃ, por ejemplo, la cuestión de la instrucción femenina suele ser considerada como perjudicial y, sin embargo, el Gobierno abre escuelas y universidades para la mujer.