Ana Karenina
Ana Karenina –No puedo estar de acuerdo –contestó Alexey Alejandrovich–. Opino que no es posible negar que el simple proceso del estudio de las manifestaciones idiomáticas influye sobre el desarrollo espiritual.
Tampoco puede negarse que la influencia de los escritores clásicos es en sumo grado moral, mientras que, por desgracia, a la enseñanza de las ciencias naturales se añaden nocivas y erróneas doctrinas que constituyen la plaga de nuestra época.
Sergio Ivanovich iba a alegar algo, pero Peszov se adelantó, hablando con su profunda voz de bajo, y comenzó a demostrar lo equivocado de aquella opinión. Sergio Ivanovich esperaba pacientemente el momento de poder hablar, con evidente expresión de triunfo en su semblante.
–Pero –dijo al fin, sonriendo de nuevo con fina ironÃa y dirigiéndose a Karenin– nos es imposible negar que es muy difÃcil pesar todo lo que en pro y en contra de esas ciencias puede decirse. La cuestión de a cuál de ambas educaciones hay que dar la preferencia no habrÃa sido resuelta tan fácil y definitivamente si del lado de la formación clásica no halláramos el argumento que acaba usted de exponer: la ventaja moral–disons le mot – de la influencia antinihilista.
–Sin duda.