Ana Karenina
Ana Karenina –¿Y en qué se notan las señales de la cultural –preguntó Peszov.
A mi juicio son bien conocidas –repuso Alexey Alejandrovich.
–¿Cree, en efecto, que son bien conocidas? –intervino Sergio Ivanovich sonriendo con fina ironÃa–. Ahora se admite que la verdadera cultura ha de ser clásica; pero hay fuertes debates al respecto, y no cabe negar que el campo opuesto posee sólidos argumentos en su favor.
–Usted, Sergio Ivanovich, ¿es partidario de la cultura clásica… ? PermÃtame que le sirva vino tinto ––dijo Esteban Arkadievich.
–No expongo mi opinión en favor de ninguna de ambas culturas –dijo Sergio Ivanovich, sonriendo condescendiente, como si hablara con un niño, y presentando su copa–. Digo sólo que ambas partes ofrecen sólidos argumentos –continuó, dirigiéndose a Karenin–. Por mi formación, soy clásico, pero en esa discusión no hallo lugar para mÃ. No veo razones de peso que expliquen la superioridad de los clásicos sobre los realistas.
–Las ciencias naturales ejercen también una influencia pedagógicoformativa –añadió Peszov–. Por ejemplo: la astronomÃa, la botánica, la zoologÃa, con sus sistemas de leyes generales.