Ana Karenina
Ana Karenina
A Peszov le gustaba llevar los razonamientos hasta la última consecuencia, y no quedó contento con las palabras finales de Sergio Ivanovich, sobre todo porque comprendÃa la falta de solidez de su propia opinión.
–En ningún momento he querido referirme exclusivamente –dijo mientras tomaba su sopa y dirigiéndose a Karenin– a la densidad de población como medio para la asimilación de un pueblo, sino también a la superioridad de principios.
–A mà me parece que viene a ser lo mismo –repuso, lentamente y sin interés, su interlocutor–. A mi juicio, un pueblo sólo puede influir sobre otro cuando posee un desarrollo superior, en cuyo caso…
–Pero, ¿en qué consiste ese desarrollo superior? –interrumpió Peszov, que siempre se precipitaba al hablar y ponÃa su alma entera en cuanto decÃa–. Entre ingleses, franceses y alemanes ¿quién tiene un desarrollo superior? ¿Quién podrÃa asimilarse a los demás? El Rin está afrancesado y los alemanes, no obstante, no son inferiores. ¡Tiene que haber otro principio! –exclamó.
–Creo que la influencia depende siempre de la mayor cultura–respondió Karenin arqueando levemente las cejas.