Ana Karenina
Ana Karenina –Nosotros defendemos el principio, el ideal –alegó Peszov, con su sonora voz de bajo–. La mujer quiere tener derecho a ser independiente y culta, y se siente oprimida y aplastada con la idea de que ello le es imposible.
–Y yo me siento oprimido y aplastado por la idea de que no me acepten como nodriza en el orfelinato –insistió el anciano PrÃncipe, con gran alborozo de Turovzin, que, en su risa, dejó caer un grueso espárrago en la salsa.