Ana Karenina
Ana Karenina –Pero ¡qué quieres! El mundo es asà –dijo Esteban Arkadievich.
–Sólo un consuelo nos queda, y es el de aquella oración tan bella de que siempre me acuerdo: «Perdónanos, Señor, no según nuestros merecimientos, sino según tu misericordia». Sólo asà me puede perdonan.