Ana Karenina
Ana Karenina –Entra usted en un momento de su vida en el que hay que escoger un camino y seguirlo. Rece para que Dios le ayude y le perdone en su misericordia –concluyó–. Nuestro Señor Jesucristo te perdone en su inmensa misericordia y amor a los hombres, hijo mÃo…
Y, terminada la oración absolutoria, el sacerdote le bendijo y le despidió.
Aquel dÃa, al volver a casa, Levin se sintió alegre viendo que aquella situación forzada habÃa terminado sin necesidad de mentir.
Además le quedó la vaga impresión de que lo que le dijera aquel anciano simpático y bueno no era tan necio como al principio le habÃa parecido, y que en sus palabras habÃa algo que necesitaba una aclaración.
«Naturalmente que ahora no», pensaba Levin, «pero después, algún dÃa … ».
SentÃa más que antes que su alma estaba turbia y no pura del todo y, con respecto a la religión, se hallaba en el mismo estado que él veÃa en las almas de los demás, en aquel estado que reprochaba a su amigo Sviajsky.