Cuentos populares
Cuentos populares —¡Vaya! Se me ha olvidado la pipa. Es una desgracia, hermanos mÃos —repitió Velenchuk.
—SerÃa mejor que fumaras cigarrillos, buen hombre —dijo Chikin, torciendo la boca y guiñando un ojo—. En casa yo fumaba siempre cigarrillos; son más suaves.
Como es natural, todos soltaron una carcajada.
—¡Ah! ¿Con que se te ha olvidado? —intervino Maximov, sin hacer caso de la risa general, mientras daba golpecitos con la pipa en la palma de su mano izquierda con gesto altivo y autoritario—. ¿Dónde te habrás metido? ¿Eh, Velenchuk?
Velenchuk se volvió hacia él, se llevó la mano a la gorra y después la bajó.
—Por lo visto, no has dormido bastante, ya que te quedas dormido en pie. Esas cosas se castigan.
—Que me aspen, Fiodor Maximovich, si he bebido una sola gota; ni yo mismo sé lo que me ha ocurrido —replicó Velenchuk—. ¿Con qué motivo me iba a emborrachar? —masculló.
—Está bien. Uno tiene que responder de ti ante los jefes y, sin embargo, siempre haces lo mismo. Te portas muy mal —concluyó el elocuente Maximov, con un tono más tranquilo ya.