Cuentos populares
Cuentos populares —También existen los numri —prosiguió Chikin, echándose la gorra hacia la frente con un movimiento de cabeza—. Son pequeños, una cosa asÃ. Siempre van de dos en dos, sujetos por las manos, y corren tan veloces que no se los alcanzarÃa ni montando a caballo. «Pero ¡cómo!, ¿es que nacen cogidos de la mano?», me preguntaban —dijo Chikin parodiando a un campesino con su voz de bajo—. SÃ, buen hombre, son asà por naturaleza. Si se les separasen las manos, sangrarÃan; es lo mismo que si se les quita el gorro a los chinos, también sangran. «Cuéntanos cómo guerrean». Pues veréis: si le cogen a uno, le abren el vientre en canal, le cuelgan los intestinos en la mano y venga a agitarlos. Ellos los agitan y uno se rÃe, se rÃe, hasta quedarse sin aliento…
—¿Y te creÃan, Chikin? —preguntó Maximov, sonriendo ligeramente, mientras los demás se morÃan de risa.
—La gente es tan extravagante, Fiador Maximovich, que se lo creÃan todo, le juro que se lo creÃan todo. En cambio, cuando les hablé del monte Kasbek, diciendo que no se deshiela en él la nieve en todo el verano, se rieron en mis propias barbas. «¿Qué nos cuentas, buen hombre? ¿No se va a deshelar la nieve en un monte tan alto? AquÃ, en la época de deshielo, la nieve se funde antes en cualquier cerro que en los valles». ¡Ya veis! —terminó Chikin, guiñando un ojo.