Cuentos populares
Cuentos populares —¿Saben que en Rusia se está muy bien? —prosiguió como si sus frases se sucedieran naturalmente una a otra—. Cuando estuve en el año 52 en Tambor, me recibÃan en todas partes como si fuese ayudante de campo del emperador. No me creerán ustedes; una vez asistà a un baile que daba el gobernador… Me acogió inmejorablemente. La esposa del gobernador en persona conversó conmigo preguntándome por el Cáucaso, y todos…, yo no sabÃa… Todos miraban mi sable dorado, como si se tratase de una curiosidad. Me preguntaban por qué me habÃan concedido el sable, por qué la cruz de Ana, por qué la de Vladimiro, y yo lo explicaba todo… ¿Qué? Eso es lo bueno que tiene el Cáucaso, Nikolai Fiodorovich —añadió sin esperar respuesta—. En Rusia admiran mucho a los compañeros del Cáucaso. Un joven oficial del Estado Mayor, condecorado con las cruces de Ana y Vladimiro, está muy bien visto en Rusia… ¿No cree?
—Supongo que se habrá usted dado todo, Abrahán Ilich —observó Boljov.
—¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! —rio el aludido, con su estúpida risa—. Es preciso hacerlo ¿sabe? Además, ¡qué bien comà durante aquellos dos meses!
—¡Qué nos dice! Probablemente han tomado limonada. Si yo fuese allÃ, le demostrarÃa cómo beben los caucasianos. No se desacreditarÃa nuestra fama. Ya les demostrarÃa yo cómo bebemos… ¿Eh, Boljov? —agregó.