Cuentos populares
Cuentos populares —Nada de eso —replicó enfadado—. No era ningún precipicio, sino… ¿cómo se llama? —e hizo con la mano un gesto vago—. ¡Oh Dios mío! ¿Cómo se llama eso?…
Se le veía tan atormentado que, involuntariamente, quería uno apuntarle.
.Tal vez fuese un río —dijo Boljov.
—No. Era un simple precipicio. En cuanto llegamos, no me lo creerán ustedes, vimos un fuego horroroso…, un infierno.
En aquel momento alguien me llamó desde fuera. Era Maximov. Después de escuchar cómo habían tomado dos trincheras, aún me quedaba que oír el relato de la toma de otras trece; por eso me alegró esa oportunidad para irme. Trosenko salió conmigo.
—Todo lo que dice es mentira. Ni siquiera estuvo en la toma de esas trincheras —me dijo cuando estuvimos a unos cuantos pasos de la choza.
Y se echó a reír tan de buena gana, que hasta me contagió.