Cuentos populares
Cuentos populares —Pues verán ustedes: en cuanto salimos por la mañana, el comandante en jefe me dijo: «¡Kraft, hay que tomar esas trincheras!». Ya saben ustedes, lo que es el servicio. Hay que obedecer sin replicar. «A la orden, excelencia». En cuanto nos acercamos a la primera trinchera me volví y dije a los soldados: «Muchachos, ¡estad alerta! No tengáis miedo. No vacilaré en matar con mi propia mano al que quede rezagado». Ya saben ustedes que a los soldados rusos hay que hablarles claramente. De pronto estalló una granada y vi que caía un soldado, luego otro, luego el tercero y las balas empezaron a silbar por todos lados. Dije: «¡Adelante, muchachos, seguidme!». Cuando llegamos vi, ¿cómo se llama?…
Y Kraft gesticuló con ambas manos buscando la palabra.
—Un precipicio —apuntó Boljov.
—No… pero ¿cómo es eso? ¡Ah, sí, un precipicio! —dijo rápidamente—. Avanzamos con las bayonetas caladas… ¡Hurra! No había un solo enemigo. Como pueden figurarse eso nos asombró. Pues bien: seguimos adelante hasta la segunda trinchera. Aquello era otra cosa. Estábamos ya muy excitados. Vimos que no se podía avanzar. Allí había… ¿cómo se llama eso?… Pero ¿cómo se llama eso?…
—Otro precipicio —apunté.