Cuentos populares
Cuentos populares —Siento gran respeto por usted. ¡Es usted un auténtico hombre del Cáucaso! Deme la mano —y Kraft, abriéndose paso entre todos nosotros, llegó hasta Trosenko y, cogiéndole la mano se la sacudió con gran efusión—. Podemos decir que en el Cáucaso hemos pasado de todo. En el año 45…, también estaba usted allÃ, ¿verdad, capitán? ¿Recuerda la noche del doce al trece, que la pasamos hundidos hasta la rodilla en un lodazal y el dÃa siguiente en que fuimos a las trincheras? Entonces estaba yo con el comandante en jefe y tomamos quince trincheras en un solo dÃa. ¿Lo recuerda, capitán?
Trosenko movió la cabeza afirmativamente y, alargando un poco el labio inferior, entornó los ojos.
—Verá usted… —empezó diciendo Kraft, muy animado, dirigiéndose al mayor y haciendo gestos intempestivos.
Pero Kirsanov, que seguramente habÃa oÃdo ese relato reiteradas veces, miró a su interlocutor poniendo los ojos tan turbios e inexpresivos que Kraft se volvió hacia mà y hacia Boljov, mirándonos tan pronto a uno como a otro. En cambio, durante todo su relato no dirigió ni una sola vez la vista a Trosenko.