Cuentos populares
Cuentos populares De nuevo celebraron Consejo. ¿Qué hacer? ¿Qué solución tomar? El criminal no se iba. Después de pensarlo mucho, decidieron asignarle una pensión. Era la única manera de librarse de él. Informaron al reyecillo. «¡Qué le hemos de hacer! Hay que terminar como sea», dijo éste. Asignaron al criminal una pensión de seiscientos francos y así se lo comunicaron. «Bueno; si me pagan puntualmente, me iré».
Así se decidió la cosa. Entregaron al criminal la tercera parte de la pensión por adelantado. Éste se despidió de todos y abandonó el dominio del reyecillo. Viajó sólo un cuarto de hora por ferrocarril. Se instaló cerca del reino, compró una parcela de tierra, puso una huerta y un jardín y vive muy feliz.
En fechas determinadas, va a Mónaco a percibir su pensión. Después de cobrar, entra en la casa de juego y pone dos o tres francos. Algunas veces gana; otras pierde y vuelve a su casa. Vive apaciblemente.
Menos mal que no delinquió en un lugar donde no se repara en gastos para decapitar a un hombre ni para mantenerlo en la cárcel toda la vida.