Cuentos populares
Cuentos populares El padre de Varenka era un hombre erguido, bien conservado, alto y apuesto, de mejillas sonrosadas. Llevaba el canoso bigote à lo Nicolás I, y tenÃa las patillas blancas y el cabello de las sienes peinado hacia delante. Una sonrisa alegre, igual que la de su hija, iluminaba tanto su boca como sus ojos. Estaba muy bien formado; su pecho —en el que ostentaba alguna condecoraciones— y sus hombros eran anchos, y sus piernas, largas y delgadas. Era un representante de ese tipo de militar que ha producido la disciplina del emperador Nicolás.
Cuando nos acercamos a la puerta, el coronel se negaba diciendo que habÃa perdido la costumbre de bailar. Sin embargo, pasando la mano al costado izquierdo, desenvainó la espada, que entregó a un joven servicial y, poniéndose el guante en la mano derecha —en aquel momento dijo con una sonrisa: «Todo debe hacerse según las reglas»—, tomó la mano de su hija, se volvió de medio lado y esperó para entrar al compás.