Cuentos populares
Cuentos populares —¡Vaya, señores, nuestro ayudante está de capa caÃda! —exclamó el segundo capitán Sh***—. En el cuartel siempre ganaba; jugase con quien jugase, siempre era él quien se embolsaba la ganancia; y ahora ya va para dos meses que no hace más que perder. No ha tenido suerte con este destacamento. Me figuro que habrá perdido unos mil rublos y otros quinientos en objetos: una alfombra que la habÃa ganado a Mujan, las pistolas de Nikitin y un reloj de oro que le habÃa regalado Vorontsov.
—Le está bien empleado —comentó el teniente O***—. Engañaba a todos; era imposible jugar con él.
—Engañaba a los demás y ahora se ha hundido él —y al decir esto el capitán Sh*** se echó a reÃr, bondadosamente—. Guskov vive con él y poco ha faltado para que se lo jugara también. ¿Es cierto, padrecito? —añadió, dirigiéndose a Guskov.
Éste se echó a reÃr. TenÃa una risa lastimosa y enfermiza. Al observar este cambio me pareció que lo conocÃa, que lo habÃa visto anteriormente: tampoco me era conocido su apellido; pero no pude recordar dónde ni cuándo lo habÃa visto.