Cuentos populares
Cuentos populares —Si no miente usted, padrecito, debo ir a dar unas órdenes a mi regimiento para mañana —dijo el segundo capitán Sh***
—No… ¿Por qué?… ¿Cómo podrÃa? Digo la verdad… —balbució el degradado, pero de pronto calló y, para mostrarse ofendido, frunció el ceño con gesto afectado, y se dispuso a liar otro cigarrillo.
Como ya no le quedaba suficiente tabaco en la bolsita, pidió al capitán Sh*** que le prestara un cigarrillo. Continuamos durante un buen rato esa monótona charla de militares que conoce cualquiera que haya estado en la guerra. Siempre con las mismas expresiones, nos quejábamos del aburrimiento y de la duración de la campaña; juzgábamos siempre del mismo modo a la superioridad y, lo mismo que siempre, alabábamos a tal compañero, compadecÃamos a tal otro y nos sorprendÃamos de lo que habÃa ganado uno o de lo que habÃa perdido otro, etcétera.