Cuentos populares
Cuentos populares —No me imagina usted —me dijo en francés— lo que he tenido que sufrir en estos regimientos, por el trato de los oficiales. Afortunadamente para mÃ, conocÃa de antes al ayudante del que acabamos de hablar: desde luego, es una buena persona —observó con expresión condescendiente—; vivo en su casa y eso constituye para mà un pequeño alivio. Oui, mon cher, les tours se suivent, mais ne se ressemblent pas (SÃ, querido. Los dÃas se suceden, pero no se parecen unos a otros) —añadió. Pero de pronto se levantó, ruborizándose al advertir que se acercaba a nosotros el ayudante al que habÃamos aludido—. ¡Qué alegrÃa supone encontrar una persona como usted! TendrÃa deseos de hablarle mucho, mucho —susurró, alejándose.
Le contesté que me serÃa muy grato; pero en realidad confieso que Guskov despertaba en mà un penoso y desagradable sentimiento de compasión.
PresentÃa que me serÃa violento hablar con él a solas; pero deseaba enterarme de muchas cosas y, sobre todo, por qué se hallaba Guskov en la pobreza, como se notaba por su indumentaria y su actitud, habiendo sido su padre tan rico.