Cuentos populares
Cuentos populares —Avez-vous un cigarrillo? —me preguntó. Bueno, ¿qué le estaba diciendo? ¡Ah, sÃ! Aunque estaba mal, pasaba frÃo y hambre, vivÃa como un soldado, los oficiales no dejaban de tenerme cierto respeto. Aún me quedaba una especie de prestige también para ellos. No me mandaban hacer instrucción ni guardias. No hubiera podido soportarlo. Pero sufrÃa mucho moralmente. Y lo más grave es que no veÃa ninguna salida a esta situación. Escribà a mi tÃo, suplicándole que pidiera mi traslado a este regimiento, pues, al menos, toma parte en las operaciones. Pensaba que aquÃ, Paviel Dimitrievich, qui est le fils de l’intendat de mon père (es hijo del intendente de mi padre), podrÃa serme útil. Mi tÃo atendió mi ruego y me trasladaron. Después de haber estado en el otro regimiento, éste me ha parecido la reunión de unos chambelanes. Paviel Dimitrievich sabÃa quién era yo y me acogió admirablemente gracias a la petición de mi tÃo… Guskov, vous savez… Pero he notado que la gente sin educación ni cultura no puede estimar a un hombre ni mostrarle respeto si no posee una aureola de riqueza o de celebridad. Cuando comprobó que yo era pobre, fue enfriándose poco a poco en su trato hacia mÃ, hasta que, finalmente, llegó a ser casi despectivo. ¡Es horrible! Pero es la purÃsima verdad. He tomado parte en batallas, me he batido, on m’a vu au feu —continuó Guskov—. ¿Cuándo acabará esto? ¡Creo que nunca! Y ya empiezan a agotarse mis fuerzas y mi energÃa. Además, yo me habÃa imaginado la guerre, la vie de camp; pero esto es muy distinto ahora que lo vivo, ahora que me veo con esa pelliza, sin lavarme y calzando botas de soldado, ahora que he de llevar el «secreto» y permanecer durante toda la noche echado en un barranco junto a un tal Antonov, al que han mandado al servicio por borracho, y sabiendo que a cada momento pueden disparar contra mà desde algún arbusto. En este caso no se trata ya de ser valiente. ¡Es horroroso! C’est affreux, ca tue (es bochornoso, mata).