Cuentos populares
Cuentos populares —Ahora le ascenderán a suboficial por esta campaña y, el año que viene, alférez —le dije.
—SÃ, puede ser. Asà lo han prometido, pero hay que esperar dos años y tampoco es seguro. Si alguien supiera lo que suponen estos dos años… ImagÃnese lo que es vivir con Paviel Dimitrievich: juego de cartas, bromas groseras, juergas; y, si uno quiere desahogarse, nadie le comprende. Todos se burlan y cuando hablan, no es para comunicarle una idea, sino para tratarlo a uno de bufón. Todo esto es bajo, grosero y vil. Además, se las arreglan para que uno sienta que es subalterno. Por eso comprenderá el placer que supone hablar à coeur ouvert (con el corazón en la mano) con una persona como usted.
Yo no comprendÃa qué persona era yo y, por tanto, no sabÃa qué contestarle…
—¿Quiere tomar algo? —me preguntó en aquel momento Nikita, que se habÃa acercado a mà en la oscuridad, descontento, según observé, de la presencia de Guskov—. Sólo quedan unos vareniki (pastelillos cocidos rellenos de requesón o cerezas) y algunas chuletas.
—¿Ha cenado el capitán?
—Hace mucho que está durmiendo —replicó Nikita, taciturno.