Cuentos populares
Cuentos populares —¡Son cosas que dice usted! —prosiguió—. ¿Acaso no es una privación terrible la ausencia de mujeres, bueno, me refiero aux femmes comme il faut (mujeres como es debido). No sé lo que darÃa por poder trasladarme a un salón, aunque no fuera más que para mirar por un momento a través de una rendija a una mujer bonita.
Calló durante un ratito y apuró otra copa de chijir.
—¡Oh Dios mÃo, Dios mÃo! Tal vez nos encontremos algún dÃa en San Petersburgo, tal vez vivamos alternando con gente bien, con mujeres… —bebió los restos de la botella; y al hacerlo, dijo—: ¡Oh, perdón! Quizás querÃa usted beber, soy muy distraÃdo. Me parece que he bebido demasiado et je n’ai pas la tête forte (no tengo la cabeza muy firme). En una época, vivà en la calle Morskaia, au rez de chaussée (en el entresuelo). TenÃa un piso magnÃfico, muy bien amueblado. SabÃa arreglar las cosas de modo elegante sin que me costaran mucho. Bien es verdad que mi padre me habÃa dado porcelana, maravillosos objetos de plata. Le matin je sortais (salÃa por la mañana) iba a hacer visitas, à cinq heures régulièrement (a las cinco, por lo común) comÃa con ella, a menudo estaba sola. Il faut avouer que c’etait une femme ravissante (hay que reconocer que era una mujer encantadora). ¿No la conoció usted? ¿No la conoció?