Cuentos populares
Cuentos populares —Messieurs et mesdames si vous croyez que je gagne quelque chose…
Probablemente consideraba esta frese como muy ingeniosa; sin embargo, observé en su voz y en sus movimientos cierta indecisión y una timidez pueril, que chocaban particularmente, sobre todo por su pequeña estatura. El elegante público seguía asomado, en pintorescas posturas, en las ventanas y en los balcones. Algunos hablaban en voz baja, sin duda, del cantor, que permanecía ante ellos con la mano tendida; otros, miraban con curiosidad aquella pequeña figura vestida de negro; desde un balcón se oyó la risa, alegre y sonora, de una muchacha. En el paseo la gente charlaba y reía, cada vez más alto. El cantante repitió la frase por tercera vez; pero con voz aún más débil; y, antes de terminarla, alargó la mano con la gorra, que no tardó en retirar. Ninguna de las cien personas, elegantemente vestidas, que se había reunido para escucharle le dio un solo céntimo. La multitud se echó a reír, despiadadamente. El hombrecillo pareció encogerse, cambió la guitarra de mano y alzando la gorra por encima de la cabeza, dijo:
—Messierus et mesdames, je vous remercie et je vous souhaite une bonne nuit (les doy las gracias y les deseo una buena noche).