Cuentos populares
Cuentos populares —Messieurs et mesdames —dijo, con acento medio alemán, medio italiano y con esa entonación peculiar con que suelen dirigirse al público los prestidigitadores—: si vous croyez que je gagne quelque chose, vous vous trompez, je ne suis qu’un pauvre diable (si ustedes creen que gano algo, se equivocan. No soy más que un pobre diablo).
Calló durante un rato; y, en vista de que nadie le daba nada, se dispuso a tocar de nuevo, añadiendo:
—A présent, messieurs et mesdames, je vous chanter a l’air du Rigui.
El público de las ventanas y balcones callaba, esperando la siguiente canción; abajo, entre los que estaban en el paseo, se oyeron unas risas, provocadas, sin duda, por la manera de expresarse del cantor y porque nadie la habÃa dado nada. Di unos céntimos al hombrecillo; los pasó, hábilmente, de una mano a otra y se los guardó en el bolsillo del chaleco. Luego, poniéndose la gorra, empezó a cantar la graciosa canción tirolesa que habÃa denominado l’air du Righi. Esa canción, que habÃa dejado para el final, era aún más bonita que las anteriores; volvieron la oÃrse murmullos de aprobación entre la multitud, que habÃa aumentado. Al concluir, el hombrecillo blandió de nuevo la guitarra, se quitó la gorra y, sujetándola delante de sà y acercándose más a las ventanas, repitió: