Cuentos populares
Cuentos populares —Viene dos veces cada verano. Es de Argovia. Vive de limosnas —me contestó.
—¿Abundan por aquà esos hombres? —inquirÃ.
—SÃ, sà —respondió el criado, no comprendiendo bien mi pregunta. Pero, al darse cuenta de lo que yo querÃa decir, añadió—: ¡Oh, no! No he visto ninguno como él.
El hombrecillo acabó la canción; y, tras de volver la guitarra con gesto enérgico, pronunció en un dialecto alemán algunas palabras que no pude comprender y que suscitaron risa entre la gente.
—¿Qué dice? —pregunté.
—Que tiene la garganta seca y que quisiera beber un poco de vino —me explicó el lacayo que estaba cerca de mÃ.
—¿Le gusta beber?
—Esta gente es asà —comentó el criado, sonriendo mientras señalaba al cantor.
Descubriéndose y blandiendo la guitarra, el hombrecillo se acercó al hotel. Con la cabeza echada hacia atrás, se dirigió a los caballeros y a las damas asomados a las ventanas y balcones.