Cuentos populares
Cuentos populares —¡Entonces llamaremos al cura, amiga mía! Te sentirás mejor cuando hayas comulgado —afirmó la prima.
La enferma inclinó la cabeza en señal de asentimiento y murmuró: —¡Señor, perdona a esta pobre pecadora!
La prima salió a la puerta y llamó al cura.
Es un ángel —dijo al marido—. Éste se puso a llorar. Pasó el sacerdote a la alcoba. La anciana seguía sin sentido sobre el diván; reinó por algunos instantes el silencio, al cabo de los cuales volvió a salir el sacerdote. Mientras se desvestía la estola y se arreglaba los cabellos murmuraba en voz baja: —Gracias a Dios, la enferma se muestra más tranquila.
Desea veros.
Entraron en la alcoba la prima y el marido, y encontraron a la enferma bañada en llanto frente a la imagen de la Virgen.
—¡Te felicito, esposa mía, te felicito! —interrumpió el marido.
—Gracias, me siento mucho mejor, experimento una indecible dulzura —dijo sonriendo y serena.
—¡Dios es misericordioso, omnipotente!
Bruscamente, como si se hubiera acordado de algo urgentísimo, hizo una seña a su marido y murmuró: —¡Tú no quieres nunca hacer lo que te pido!
—¿Qué cosa, ángel mío?