Cuentos populares
Cuentos populares —Sencillamente, en que cuando éramos ricos no tenÃamos ni él ni yo un momento de descanso. No podÃamos ni hablar un rato solos, ni pensar en la salvación de nuestra alma, ni rogar a Dios. ¡Cuántas preocupaciones! A lo mejor nos llegaba un huésped, y pensábamos:
—«¿Qué le serviremos? ¿Qué le regalaremos, para que tenga buena opinión de nosotros?
«Luego, cuando el huésped se marchaba, era preciso vigilar a los criados, siempre dispuestos a no trabajar y a comer bien, y cuidábamos de que nuestra hacienda no se malgastara, y esto es un pecado. Otras veces temÃamos que algún lobo se llevara un pollino o una ternera, o que nos robaran. Y una vez acostados, no podÃamos dormir: ¡con tal de que los carneros no aplasten a los corderitos! Nos levantábamos, Ãbamos a verlo por la noche. En cuanto estábamos tranquilos por este lado, nuevas preocupaciones nos asaltaban. ¿Cómo haremos las provisiones para el ganado durante el invierno? No estábamos siempre de acuerdo mi marido y yo: él querÃa hacer esto y yo lo otro, y de ahà el pecado. AsÃ, pues, una angustia seguÃa a la otra y un pecado a otro: y no era feliz nuestra existencia».
—¿Y ahora?