Cuentos populares
Cuentos populares Al dÃa siguiente, cuando sacaron a los presos a trabajar, los soldados se dieron cuenta de que Makar Semionovich llevaba tierra en las cañas de las botas. Después de una serie de búsquedas, encontraron el subterráneo que habÃa hecho. Llegó el jefe de la prisión para interrogar a los presos. Todos se negaron a hablar. Los que sabÃan que era Makar Semionovich, no le delataron, porque le constaba que le azotarÃan hasta dejarlo medio muerto. Entonces, el jefe de la prisión se dirigió a Aksenov. SabÃa que era veraz.
—Abuelo, tú eres un hombre justo. Dime quién ha cavado el subterráneo, como si estuvieras ante Dios.
Makar Semionovich miraba el jefe de la prisión como si tal cosa; no se volvió siquiera hacia Aksenov. A éste le temblaron las manos y los labios. Durante largo rato no pudo pronunciar ni una sola palabra, «¿Por qué no delatarle cuando él me ha perdido? Que pague por todo lo que me ha hecho sufrir. Pero si lo delato, le azotarán. ¿Y si le acuso injustamente? Además, ¿acaso eso aliviarÃa mi situación?», pensó.
—Anda viejo, dime la verdad: ¿quién ha hecho el subterráneo? —preguntó, de nuevo, el jefe.
—No puedo, excelencia —replicó Aksenov, después de mirar a Makar Semionovich—. Dios no quiere que lo diga; y no lo haré. Puede hacer conmigo lo que quiera. Usted es quien manda.