Cuentos populares
Cuentos populares A pesar de las reiteradas insistencias del jefe, Aksenov no dijo nada más. Y no se enteraron de quién habÃa cavado el subterráneo.
A la noche siguiente, cuando Aksenov se acostó, apenas se hubo dormido, oyó que alguien se habÃa acercado, sentándose a sus pies. Miró y reconoció a Makar Semionovich.
—¿Qué más quieres? ¿Para qué has venido? —exclamó.
Makar Semionovich guardaba silencio.
—¿Qué quieres? ¡Lárgate! Si no te vas, llamaré al soldado —insistió Aksenov, incorporándose.
Makar Semionovich se acerco a Aksenov; y le dijo, en un susurro:
—¡Iván Dimitrievich, perdóname!
—¿Qué tengo que perdonarte?
—Fui yo quien mató al comerciante y quien metió el cuchillo entre tus cosas. Iba a matarte a ti también; pero oà ruido fuera. Entonces oculté el cuchillo en tu saco; y salà por la ventana.
Aksenov no supo qué decir. Makar Semionovich se puso en pie e, inclinándose hasta tocar el suelo, exclamó:
—Iván Dimitrievich, perdóname, ¡perdóname por Dios! Confesaré que maté al comerciante y te pondrán en libertad. Podrás volver a tu casa.