Cuentos populares
Cuentos populares El diablillo se enfureció mucho al ver que no habÃa logrado hacer pecar al mujik. Fue a pedir al diablo jefe que lo aconsejase. Le refirió cómo habÃa tomado el pan al mujik, y cómo éste, en vez de enfadarse, habÃa dicho: «¡Buen provecho!».
El diablo en jefe se enojó.
—Ya que el mujik —le dijo— se ha burlado de ti en esta ocasión, es que tú mismo has dejado de cumplir tu deber. No has sabido hacerlo bien. Si dejamos que los mujiks y las babás se nos suban a las barbas, esto va a ser intolerable… No puede esto concluir de este modo vete, vuelve a casa de ése, y gánate el mendrugo, si quieres comértelo. Si antes de tres años no has vencido a ese mujik, te daré un baño de agua bendita.
Estremecióse el diablillo.
Volvió rápidamente a la tierra, reflexionó largo tiempo sobre el modo de reparar su falta. Pensaba y pensaba el diablillo; y, por fin, dio con lo que buscaba.
Se transformó en un buen hombre, y se puso al servicio del mujik. En previsión de que verÃa seco el verano, aconsejó a su dueño que sembrara el trigo en terrenos pantanosos.
El mujik siguió el consejo de su criado, y sembró el trigo en tierras pantanosas.