Cuentos populares
Cuentos populares Pahom se quedó acostado, pero no pudo dormirse. No dejaba de pensar en su tierra.
«¡Qué gran extensión marcaré! —pensó—. Puedo andar fácilmente cincuenta kilómetros por dÃa. Los dÃas ahora son largos, y un recorrido de cincuenta kilómetros representará gran cantidad de tierra. Venderé las tierras más áridas, o las dejaré a los campesinos, pero yo escogeré la mejor y la trabajaré. Compraré dos yuntas de bueyes, y contrataré dos peones más. Unas noventa hectáreas destinaré a la siembra, y en el resto criaré ganado».
Por la puerta abierta vio que estaba rompiendo el alba.
—Es hora de despertarlos —se dijo—. Debemos ponernos en marcha.
Se levantó, despertó al criado (que dormÃa en el carromato), le ordenó uncir los caballos y fue a despertar a los bashkirs.
—Es hora de ir a la estepa para medir las tierras —dijo.
Los bashkirs se levantaron y se reunieron, y también acudió el jefe. Se pusieron a beber más kurniss, y ofrecieron a Pahom un poco de té, pero él no querÃa esperar.
—Si hemos de ir, vayamos de una vez. Ya es hora.