Cuentos populares
Cuentos populares Avanzó un largo trecho en esa dirección, y ya iba a girar de nuevo a la izquierda cuando vio un fecundo valle. «SerÃa una pena excluir ese terreno —pensó—. El lino crecerÃa bien aquû. Asà que rodeó el valle y cavó un pozo del otro lado antes de girar. Pahom miró hacia la loma. El aire estaba brumoso y trémulo con el calor, y a través de la bruma apenas se veÃa a la gente de la loma.
«¡Ah! —pensó Pahom—. Los lados son demasiado largos. Éste debe ser más corto». Y siguió a lo largo del tercer lado, apurando el paso. Miró el sol. Estaba a mitad de camino del horizonte, y Pahom aún no habÃa recorrido tres kilómetros del tercer lado del cuadrado. Aún estaba a quince kilómetros de su meta.
—No —pensó—, aunque mis tierras queden ¡regulares, ahora debo volver en lÃnea recta. PodrÃa alejarme demasiado, y ya tengo gran cantidad de tierra.
Pahom cavó un pozo de prisa.
Echó a andar hacia la loma, pero con dificultad. Estaba agotado por el calor, tenÃa cortes y magulladuras en los pies descalzos, le flaqueaban las piernas. Ansiaba descansar, pero era imposible si deseaba llegar antes del poniente. El sol no espera a nadie, y se hundÃa cada vez más.
«Cielos —pensó—, si no hubiera cometido el error de querer demasiado. ¿Qué pasará si llego tarde?».