Cuentos populares
Cuentos populares —¿Y tú?
—¿Te imaginas que estás solo?
—¡Bueno, bueno; está bien!
—¡Padrecitos! ¡Me están ahogando! —vociferaba una mujer.
Se oÃan gritos infantiles, desde otro lado.
—¡Al diablo!
—Pero ¿qué te has creÃdo? ¿Que sólo tú tienes derecho a la vida?
—¡Se lo van a llevar todo! Pero llegaré, sea como sea. ¡Diablos! ¡Malditos!
Era Emilian quien habÃa pronunciado esas palabras. Alzó sus robustos hombros y, separando los codos todo lo que pudo, fue abriéndose paso, sin saber a ciencia cierta por qué lo hacÃa; en realidad, era porque todos se precipitaban adelante y le parecÃa que era preciso hacer lo mismo. Los que estaban detrás de él y a ambos lados lo empujaban; pero los de delante no se movÃan. Todos gritaban y lanzaban gemidos y exclamaciones.
Con sus fuertes dientes apretados y el ceño fruncido, Emilian empujaba a los de delante, sin desanimarse; y avanzaba algo, si bien muy despacio.