Cuentos populares
Cuentos populares Acostumbrados a ocupar siempre el mejor lugar, atraviesan el campo —es tal la muchedumbre que, pese a la resplandeciente mañana, se eleva una espesa niebla, producida por el aliento de la gente— y van directamente hacia la tribuna. Pero los policÃas no les permiten subir.
—¡Mejor! Volvamos allà —exclama Rina.
Y los jóvenes vuelven hacia la multitud.
* * *
—¡Mentira! —gritó Emilian, que estaba sentado con sus compañeros, en torno a las provisiones, colocadas sobre un papel, cuando un obrero fue a decirles que estaban repartiendo los regalos.
—Te lo aseguro. No hacen caso del reglamento. Lo he visto con mis propios ojos. Algunos traen un hatillo y un vaso.
—Ya se sabe. Hacen lo que quieren. ¿Qué les importa? Reparten las cosas a quien les viene en gana.
—Pero ¿cómo pueden ir contra el reglamento?
—Ya ves que lo están haciendo.
—Bueno, muchachos, entonces vayámonos también.
Todos se levantaron. Emilian recogió la botella con el resto de vodka, y se puso en marcha, con sus camaradas. Pero apenas habÃan recorrido veinte pasos, cuando las apreturas fueron tales, que se les hizo difÃcil seguir adelante.
—¿Dónde te metes?