Cuentos populares
Cuentos populares De pronto, la puerta se abre de par en par. Irrumpe en la choza una ráfaga de frÃo aire marino; y un hombre, alto y moreno, entra, arrastrando tras de sà unas redes rotas, empapadas de agua.
—¡Ya estoy aquÃ, Juana! —exclama.
—¡Ah! ¿Eres tú? —replica la mujer; y se interrumpe, sin atreverse a levantar la vista.
—¡Vaya nochecita!
—Es verdad. ¡Qué tiempo tan espantoso! ¿Qué tal se te ha dado la pesca?
—Es horrible, no he pescado nada. Lo único que he sacado en limpio ha sido destrozar las redes. Esto es horrible, horrible… No puedes imaginarte el tiempo que ha hecho. No recuerdo una noche igual en toda mi vida. No hablemos de pescar; doy gracias a Dios por haber podido volver a casa. Y tú, ¿qué has hecho sin m�
Después de decir esto, el pescador arrastra la redes tras de sà por la habitación; y se sienta junto a la estufa.
—¿Yo? —exclama Juana, palideciendo—. Pues nada de particular. Ha hecho un viento tan fuerte que me daba miedo. Estaba preocupada por ti.
—SÃ, sà —masculla el hombre—. Hace un tiempo de mil demonios, pero… ¿qué podemos hacer?
Ambos guardan silencio.
—¿Sabes que nuestra vecina Simona ha muerto?
—¿Qué me dices?