Cuentos populares
Cuentos populares —No sé cuándo; me figuro que ayer. Su muerte ha debido ser triste. Seguramente se le desgarraba el corazón al ver a sus hijos. Tiene dos niños muy pequeños… Uno ni siquiera sabe hablar y el otro empieza a andar a gatas…
Juana calla. El pescador frunce el ceño; su rostro adquiere una expresión seria y preocupada.
—¡Vaya situación! —exclama, rascándose la nuca—. Pero ¡qué le hemos de hacer! No tenemos más remedio que traerlos aquí. Porque si no, ¿qué van a hacer solos con la difunta? Ya saldremos adelante como sea. Anda, corre a traerlos.
Juana no se mueve.
—¿Qué te pasa? ¿No quieres? ¿Qué te pasa, Juana?
—Están aquí ya —replica la mujer descorriendo la cortina.