Cuentos populares
Cuentos populares La mujer, entre nosotros, es madre y querida al mismo tiempo, es decir, nodriza y amante a la vez, y sus fuerzas no bastan. A esto se deben las histéricas, las neuróticas, y en el campo, las poseÃdas. Y fijaos que no me refiero a las mujeres solteras, sino a las que están al lado de sus maridos. La razón es bien clara. De ahà es de donde procede la decadencia moral e intelectual de la mujer y su relajamiento. ¡Si se tuviese en cuenta el trabajo inmenso de la mujer mientras está encinta y amamanta a sus hijos!… En su seno se desarrolla el ser que debe ser un dÃa el continuador de nuestra existencia y ocupar nuestro lugar. ¿Y quién es el que perturba la santidad de esa obra? ¿Para qué? ¡Horroriza pensarlo! ¡Y luego hablan de la libertad de la mujer y de sus derechos! Esto es lo mismo que si se pretendiese que los antropófagos, al engordar a sus cautivos para comérselos, lo hacen para cuidar exclusivamente de su libertad y de sus derechos.
Me llamó mucho la atención esa nueva teorÃa.
—¿Cómo debo entender lo que acaba de decir? —repuse—. El hombre, en las condiciones que acaba de expresar, no podrÃa en realidad ser el marido de su mujer más que una vez cada dos años, y el hombre…