Cuentos populares
Cuentos populares —No puede substraerse a esa necesidad, ¿no es cierto? Los sacerdotes de la ciencia lo han dicho, y lo cree así. Quisiera que esos distinguidos profetas desempeñasen el papel de esas mujeres que juzgan necesarias al hombre. ¿Qué es lo que dirían entonces? Decidle sin cesar a un hombre que el aguardiente, el tabaco o el opio son indispensables para su vida y acabará por creer que es verdad. De todo esto parece resultar que Dios no comprendió lo que hacía falta, puesto que, por no haber pedido consejo a esos profetas nuestros, no supo hacer bien el mundo. Admita que lo hizo muy mal.
¿Cómo puedo explicarlo? Encarémonos con nuestros profetas, que encontrarán alguna solución, si no la han encontrado ya. ¿Cuándo llegará el día en que se les eche en cara sus infamias y sus embustes? ¡Ya sería hora! ¡Ay! Los hombres van a parar a la locura, al suicidio, y siempre por la misma razón. ¿Y cómo no ha de ser así?