Cuentos populares
Cuentos populares No se tienen en cuenta esas muertes, del mismo modo que se han olvidado los asesinatos de la Inquisición, con la convicción de que eran útiles a la humanidad. Los crÃmenes cometidos por los médicos son incalculables, pero no representan nada al lado de la putrefacción moral que engendra el materialismo del que son vÃctima los padres y que extienden por el mundo con la ayuda de la mujer. No haré hincapié en el hecho de que siguiendo sus consejos llegarÃamos, por la fuerza del contagio, no a la unión, sino a la desunión completa. Según sus máximas, deberÃamos pasar el tiempo en el descanso y el aislamiento y empleando ácido fénico continuamente —del que hoy ya empiezan a decir que no sirve para nada—. Pero no es esto lo peor. El veneno más fatal, más violento, es la corrupción hacia la que impulsan a la humanidad, especialmente a la mujer. No puede hoy dÃa decirse uno, ni a sà mismo ni a los otros: «Llevas una vida deplorable; corrÃgete». No, no se puede decir eso, porque cuando se lleva mala vida, ésta es consecuencia de una enfermedad nerviosa o heredada o de algo parecido. Entonces se va a consultar a los médicos, y mediante una cantidad más o menos crecida, recetan medicinas que la farmacia facilita. Se pone uno más enfermo, vuelta otra vez al médico y de éste al boticario. ¡Buena invención, realmente!