Cuentos populares
Cuentos populares La escarlatina, por ejemplo, es una enfermedad contagiosa. ¿Qué se hace cuando se presenta? Pues llevar a la mitad de la familia a una fonda. A nosotros nos pasó dos veces. En una población importante, todo individuo es el centro de un gran círculo, en el que se cruzan un sinnúmero de diámetros que no son más que otros tantos hilos conductores de contagio contra el que no hay muro protector; panaderos, sastres, cocheros, planchadoras, lavanderas, todos, en fin, contribuyen a la propagación del mal. Me vanaglorio de poder probar a aquel a quien una enfermedad contagiosa arrojó de su casa, que otra enfermedad, quizás tan peligrosa como la que le hace huir, o tal vez aquella misma, le espera en su nuevo domicilio. Nadie ignora lo que le sucedió a una familia rica que, habiendo mandado derribar la habitación donde tuvieron a un enfermo de difteria, cayó enferma en esa misma habitación construida de nuevo. Hay centenares de personas que viven en íntimo contacto con los enfermos y que, sin embargo, no se contagian.