Cuentos populares
Cuentos populares De esta manera pasamos dos años. El medio que habían aconsejado los canallas de los médicos produjo excelentes resultados, y mi mujer se desarrolló y embelleció como una flor de otoño. Lo comprendió así, y desde entonces le preocupó mucho el cuidado de su persona. Había llegado a poseer esa belleza provocadora que enloquece a los hombres, y se hallaba en todo el esplendor de una mujer de treinta años que, libre de todo cuidado maternal, está bien alimentada y excitada. Me daba miedo verla porque me recordaba a un caballo descansado y fogoso al que le han soltado las riendas. Como el noventa y nueve por ciento de nuestras mujeres, no tenía freno para su conducta. Me di cuenta y me quedé aterrado.