Cuentos populares
Cuentos populares Ésta me dirigió una mirada de sorpresa, poniéndose encendida, como dominada por un gran temor. Luego trató de excusarse, manifestando que no tocaba muy bien, y ese pretexto me excitó aún más. Recuerdo muy bien la sensación extraña que experimenté cuando le contemplé mientras se alejaba atravesando el salón con su pasito corto de bailarÃn, con un cuello blanco que hacÃa resaltar su cabello negro, algo largo y rizado. No tengo para qué ocultar que la presencia de aquel hombre era una tortura para mÃ. «Y no dependÃa de nadie más que de mà el hacer que no volviese más; pero ¿tenerle miedo? ¡Ah no! ¡SerÃa demasiado humillante!». Y al llegar al vestÃbulo, sabiendo muy bien que mi mujer podÃa oÃr, le supliqué con muchas instancias que volviese aquella misma noche con el violÃn a fin de acompañar a mi mujer al piano. Me lo prometió y se marchó.