Cuentos populares
Cuentos populares Observé desde el primer momento que la mirada de mi mujer brillaba con un fulgor extraño, y que mis celos provocaron en ella no sé qué corriente eléctrica que se comunicó a su sonrisa y a su mirada. En la primera entrevista se habló de París, de música, de mil cosas indiferentes. Luego se puso en pie con el sombrero en la cadera, pavoneándose y como esperando alguna cosa. Recuerdo perfectamente lo que pasó en aquellos momentos, tanto más cuanto que pude haber evitado que volviese. No tenía más que no invitarlo y no habría pasado nada. Miré primero a mi mujer, luego Troukhatchevsky, y pensé: «¡No vayas a figurarte, hermosa, que voy a dispensarte el honor de tener celos!». Y le invité a que volviese aquella misma noche con su violín para acompañar al piano a mi mujer.